Lectura creativa. David Castillo

Eufride

 

Eufride se dirige a ellos. Levanta la voz y les ordena que retrocedan. Los perros (que habían permanecido en silencio) comienzan a gruñir. Eufride ha cogido un cuchillo de la cocina. Lo saca lentamente. Si sus dos primeros golpes son certeros, puede que tenga una oportunidad.

¿Son certeros?

No

 

Aunque no mucha gente lo sabe (en realidad tampoco hace falta saberlo), la palabra texto proviene de una palabra en latín cuyo significado más exacto sería tejido, es decir, material con el que se confecciona una tela.

 
 Esta metáfora de la obra literaria como un tejido ha sido utilizada hasta la saciedad, hasta el punto de que se ha convertido con el tiempo en un mero estereotipo, sin gracia, casi sin sentido y probablemente una de las causas que hicieron dormir a Homero mientras escribía sobre Penélope.  


 Las letras, las palabras, los morfemas e incluso las muy despreciadas comas, se enhebran gracias a las frases, formando un todo, que posee un significado, si no completo, al menos deducible.  


 En las novelas de David Llorente esto es tan cierto como en otras de cualquier buen narrador, sin embargo, y aquí reside otra de sus virtudes, sus textos se confeccionan no solo con las palabras que ves, sino también con aquellas que no ves pero que también están, usando la elipsis, o lo que es lo mismo, el arte de sugerir sin explicar, dejando que el propio lector rellene los huecos que hacen falta para lograr completar la historia. 


 Si leemos detenidamente este párrafo que nos cuenta la historia de Eufride, podemos advertir que pese a que no sabemos nada de ella, es una mujer en peligro. Por su valor ante los perros y por la forma en que levanta la voz nos queda claro que es una mujer de armas tomar. La forma en la que coge el cuchillo nos revela sus nervios de acero y su planificación exacta del ataque que es una mujer calculadora y segura de sí misma.  


 El narrador, por su parte, de un solo golpe y blandiendo un CC de negación nos deja el amargo poso de saber que todas las cualidades y posibles ideales de Eufride no han dado ningún resultado. No hace falta saber cómo ha sido la lucha, pero intuimos que fue desigual y fiera por ambas partes, con un fatal desenlace. 


 El narrador no lo dice, y por esas palabras que faltan se va la vida y la historia de su personaje, que vive y muere gracias a la audacia del lector que imagina, piensa y sueña. 

David Castillo

Profesor de Lengua y Literatura

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