Lectura creativa. Alfonso Larrea

La gente que ha perdido la casa cree que lo ha perdido todo y a lo mejor tiene razón. La gente que ha perdido la casa (la gente que cree que lo ha perdido todo) tira de sus maletas hasta el barrio del Kilómetro Zero. Se tumban en el suelo y se tapan con un periódico.

¿Es suficiente con eso?

No.

La gente que ha perdido la casa (la gente que a lo mejor tiene razón al creer que lo ha perdido todo) no sabe todavía que la piedra le contagia su destemplanza al que duerme encima de ella. Los hospitales de Madrid (diariamente) se llenan de hombres y de mujeres y de niños enfermos (afectados por la destemplanza de la piedra) a los que no queda más remedio que volver a echar a la calle.

A la lluvia.

Sí.

Las familias que han perdido su casa (las familias a las que han echado de los hospitales) peinan la ciudad de Madrid en busca de cartones de frigoríficos y se tapan con ellos. Hay cartones de matrimonio y cartones más pequeños, para los niños.

¿Y para los recién nacidos?

No.
 

  El último lanzamiento fue esta mañana: el vecino del cuarto. Qué triste su arrastrar de pies y valijas. Van cinco en este mes.

Cinco casas vacías,

cinco balcones abiertos al polvo

desde mi terraza.

  Leo: «La gente que ha perdido la casa cree que lo ha perdido todo y a lo mejor tiene razón». Cierro el libro: mi alrededor es un marcapáginas.

Cinco apellidos que se pierden

en la desesperanza y el agua.

Solo le queda mi luz a la calle.

  Insiste Madrid:frontera: «La gente que ha perdido la casa (la gente que a lo mejor tiene razón al creer que lo ha perdido todo) no sabe todavía que la piedra le contagia su destemplanza al que duerme encima de ella».

El petricor

se acomodará en las cajas de zapatos

llenas de olvidos.

  La realidad se ha empapado de palabra: un mar de familias «peinan la ciudad de Madrid en busca de cartones de frigoríficos y se tapan con ellos». La calle está en silencio; solo queda mi desahucio.

Tiritan los niños

antes de dormir para siempre,

vestiditos de azul.

  Es cierto que todo ha salido mal. Que no supimos parar el retroceso. Que este libro debe ser cosa bruja, letanía adelantada a nuestra desgracia irremediable.

Jesusito de mi vida,

que eres niño como yo,

haz que pare de llover

o regálame un cartón.

Alfonso Larrea

Comunicación en medios sociales

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